Gilberto Peña Perdomo, hombre sincero y sencillo entregado al ministerio sacerdotal, anhelaba la paz, una de sus virtudes fue hacer las cosas bien, pero no para que la gente lo viera.
El padre Gilberto de origen huilense, tras recibir la ordenación Sacerdotal de manos de monseñor Luis Madrid Merlano en el año 1993 en Rivera- Huila, llegó a tierras nortesantandereanas a la diócesis de Tibú, donde le asignaron la parroquia de Luis Vero, corregimiento de Sardinata, allí permaneció desde el año 1.994 hasta 1.999, luego se desempeñó como párroco de la catedral del municipio de Tibú. Después ejerció su labor sacerdotal nuevamente en el municipio de Sardinata, esta vez, en el corregimiento de las Mercedes, desde donde fue trasladado al municipio de El Tarra y finalmente se desempeñaba como párroco de la catedral san Luis Beltrán de Tibú.
Durante su recorrido pastoral en el departamento Norte de Santander dejó huella, pues siempre se destacó por hacer una labor desde la fe, quizá desde el silencio. Reconocido por la gestión de proyectos a nivel pastoral y a nivel social, muy valorado por su testimonio de vida y su trabajo con la comunidad.
SU PASIÓN POR LA RADIO
En el corregimiento de Luis Vero, en la primera parroquia que dirigió, por allá e el año 1.995 con unos equipos antiguos que reconstruyó, puso a funcionar una emisora en AM, con la que lograba emitir la eucaristía, la emisora sonaba en el casco urbano y veredas aledañas. Hay que reconocer que el padre Gilberto dejó, allí en Luis Vero encendida la chispa de la radio, especialmente en los jóvenes que colaboraban con la parroquia. Luego paso a Tibú, donde apoyaba con entusiasmo la emisora Ecos de Tibú, posteriormente regresó a Sardinata, esta vez al corregimiento de las Mercedes desde donde impulsó una emisora que quería legalizar, siempre se preocupó por que el MINTIC le otorgará el título habilitante a la radio de esa localidad, en esa época se acerco a La Asociación de Radios Amigas Comunitarias De Norte de Santander – Radar a pedir asesoría y tuvimos la oportunidad de compartir varias conversaciones de un tema que nos identificaba “La Radio”, más adelante fue trasladado al municipio de El Tarra donde estuvo al frente de la emisora comunitaria Asunción Stereo, entre los años 2012 y 2017, se esmeró por cumplir todos los requisitos de ley y por dejar un espacio físico para el funcionamiento de la emisora. Alex Mauricio Sandoval quien en ese tiempo lo acompañaba en la pastoral juvenil, comentó que el padre Gilberto era un gran ser humano. Eso sí, estricto, pero respetuoso y muy espiritual, destacó de él, su entrega al servicio de la comunidad, labor que llevaba a las veredas más apartadas, nos dijo que al padre le tocó una época de dificultades, de violencia en el Tarra y que él adelantó un trabajo muy importante, junto a Sor Amanda Bedoya, pues fueron guías espirituales de mucha gente que sufría, nunca hizo alarde, ni quería visibilizarse pero su acción estaba presente, por ello la comunidad lo recordará siempre.
La diócesis de Tibú organiza una misión anual y en el año 2.014 dijo, Alex Mauricio: «Tuve la oportunidad de ir san Luis y Santa Catalina, veredas alejadas, pertenecientes al municipio de San Calixto, donde no entraba la señal de celular, pero el padre Gilberto se las ingeniaba, siempre estaba a atento de sus misioneros, colocándonos mensajes a través de la radio y cuando visitaba las veredas, después de celebrar la Eucaristía, compartía con nosotros». De su familia nos contó que el padre era muy cercano a su hermana Paulina, quien siempre estaba pendiente de él.
EL VALOR DE LA AMISTAD
Quien cuenta con un verdadero amigo, tiene un refugio seguro y de ello puede dar fe y testimonio, el padre Trino Rodríguez Rodríguez, párroco de Nuestra Señora de la Asunción en el municipio de El Tarra, quien fue amigo entrañable del padre Gilberto, a él le infundió amor por el servicio a la comunidad y entrega al ministerio sacerdotal, desde joven lo motivó y acompañó en su formación y compartieron momentos inolvidables. Tras el silencio de la partida del padre Gilberto Peña Perdomo, quedan las enseñanzas que desde la sencillez de la vida cotidiana nos dejó. Paz en su tumba.